Y pensaba que estaba preparado.
Sello un pacto con si mismo, bajo la promesa de ser quien guarde su futuro. Seguro una parte de el sabia que era mentira, su parte mas tornasolada, la parte que siempre le pone mas cafe y le arruina la lagrima.
Pero sin embargo se lo creía, como un monje budista hecho de arena, y puta madre que se lo creyó.
Las propiedades de la verdad son liquidas, se van volcando como un vino agrio sobre la alfombra aterciopelada de las memorias en olvidos que nunca terminan de olvidarse.
Ahora tiembla como un perro, y le duelen los dientes por las distracciones, los acordes que hace tiempo suenan mal en las teclas sucias de un piano mediocre.
Su piel se tensa hacia adentro del cuerpo, sus codos se abren. Como un perro durmiendo en la estación, solo le gustaría que un tren lo lleve a su casa, sin saber que no tienen casa y nunca la tuvo.
Y no estaba preparado, tal vez jamás lo estuvo.
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Viejo escrito.

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